Los Personajes

Paula

Acaba de cumplir 14 años. Es tranquila y bastante callada, introspectiva. Sin embargo, en ocasiones no puede reprimir cierta rabia contenida y actúa sin maldad pero con rudeza. Debido al rechazo que siente hacia el mundo adulto visto como un ambiente lleno de secretos y pulsiones escondidas, no acepta el inminente cambio que desarrolla su alrededor y que trunca sus relaciones amistosas y familiares en la ciudad. Apenas conoce a su tía, su abuela y el pueblo de Ojos Negros por lo que su estancia en la casa estará dotada de una creciente incomodidad que se acrecienta tras tensarse su relación con Elba y empeorar la enfermedad de su abuela. Alicia, quien se encuentra en una etapa similar a la suya, supone para ella un soplo de aire fresco, alguien con quien descubrir el pueblo y huir de la casa familiar. Tras la noche que pasan juntas, donde sienten atracción por primera vez, simulará una inconsciencia hacia la indiscutible prueba de su cambio: lo que antes se sustentaba en la inmediatez y sinceridad propia de los niños, ahora es algo contaminado de sentimientos que se ocultan y que causarán la culminación de su amistad. Volverá a encerrarse en la casa, con la diferencia de que esta vez estará preparada para afrontar los conflictos familiares que terminarán por evidenciarle que no puede escapar a su propia finitud, siendo así consciente del paso del tiempo.

Elba

Es la hermana mayor de Celia, tía de Paula. Nunca ha salido de la casa familiar en Ojos Negros, y ahora que su madre está indispuesta pone su vida al servicio de la enfermedad. Debido a su moral contradictoria siempre ha antepuesto el bienestar de los demás al suyo aunque no disfrute haciéndolo. Echa la culpa de este hecho al resto, que considera la ha dejado siempre en segundo plano, pero la realidad es que se lo ha impuesto a sí misma.

Ansía desarrollar una vida propia, aquello que ve que su hermana tiene (una casa, hijas…una familia); pero ver a su madre morir le hace sentir que ya es demasiado tarde para ello. La llegada de Paula remueve estos sentimientos en Elba, pues su sobrina representa a un tiempo todo lo que envidia de su hermana y un reflejo de ella misma de pequeña: Paula aún puede elegir entre hacer su vida o dedicarse a servir a los demás. Es por esto que la relación que la tía desarrolla con su sobrina es contradictoria, mezcla de rabia e instinto de protección. Paula despierta en Elba instintos maternales en este momento tan crítico en que su madre muere, y ella lo vive como una última esperanza.

 

Alicia

Tiene 13 años, uno menos que Paula. Pasa todos los veranos en Ojos Negros desde que era muy pequeña y conoce el pueblo y sus gentes a la perfección. Tiene una relación estrecha con algunos niños pequeños del lugar, por lo que su aproximación a la infancia es más natural y cotidiana que la de Paula. Otro rasgo que la diferencia de Paula es su forma de experimentar las cosas: Alicia es muy inmediata y terrena, no juzga ni medita antes de actuar. Deja que su cuerpo y las circunstancias le guíen de forma casi instintiva. Es muy expansiva y activa, pues se acepta a sí misma en todo momento y no tiene necesidad de fingir o callar.

Es por esto que, una vez llega la prueba del cambio que ambas están sufriendo y que las conduce irreversiblemente al mundo de los adultos, Alicia lo acepta y se distancia de Paula al entender que lo que sustentaba su amistad (el rechazo al cambio y la ilusión de que pueden escapar a él) ya no es válido.

Celia

Es la madre de Paula. Tiene 38 años, y está casada y embarazada de su segunda hija. Comienza a notar cómo Paula se distancia del círculo familiar, y entiende que en la vida de su hija ella ya no supone una prioridad.

Por ello afronta su nuevo embarazo con sentimientos contradictorios: no siente la ilusión de la primera vez, pero alberga cierta esperanza de poder comenzar de nuevo lo que viviera con Paula. En cuanto a la relación de Celia con su hermana y su madre, ésta es distante y fría. Cuando recibe una llamada de Elba, con la que hace años que no tiene contacto, descubre que su madre está gravemente enferma y que quiere conocer a su nieta.

Ella acepta, utilizando a su hija como moneda de cambio para interceder en esta relación. La cercanía de la muerte de su madre le hace reflexionar sobre su propia vida, y Celia siente que ha llegado a un punto de no retorno en el que su vida se basará únicamente en cuidar de sus hijas y repetir los pasos de su madre.